miércoles, 25 de junio de 2008

2.- EMBAJADORES DEL AIRE

orígenes de la aviación mexicana*

Erick de Jesús Hernández Domínguez (INEHRM)

La aventura de los pioneros de la aviación halló uno de sus momentos más gloriosos cuando una nueva generación de aviadores acortó al mundo en viajes de largo recorrido. uno de los más significativos fue el realizado por Charles A. Lindbergh, quien en 1927 cruzó en vuelo directo el océano Atlántico. La relevancia de este acto radicó en el enorme reto de poder realizar vuelos de largo recorrido. Esta aventura levantó una enorme expectación en el mundo entero.

En México, el vuelo de Lindbergh tuvo significación política y aeronáutica, ya que, debido a lo áspero de las relaciones entre Estados Unidos y nuestro país, el embajador del vecino del norte, Dwight Morrow, encontró una excelente válvula de escape a las tensiones políticas en la invitación que hizo al famoso aviador norteamericano para visitar México.

De esta forma, el Spirit of San Luis aterrizó el 15 de abril de 1927 a las 14:45 hrs., en el aeródromo de Balbuena, en donde fue abordado por los periodistas, entre ellos Manuel Becerra Acosta, enviado por Excélsior para cubrir la nota, ahí se recabaron las primeras palabras de la legendaria Águila Solitaria: “seamos amigos”.

Posteriormente, nuestro país se vio obligado a responder al gesto de buena voluntad. Después de todo, fue momento para demostrar que México alcanzo la modernidad del momento. Así, se organizó una expedición hacia la Unión Americana. Dos candidatos surgieron de entre los aviadores militares del momento: Roberto Fierro Villalobos y Emilio Carranza.

Finalmente y bajo el auspicio del Periódico de la Vida Nacional, se preparó a Emilio Carranza, quien gracias al éxito previo de un vuelo entre Ciudad Juárez y la capital, a bordo del avión Coahuila, convenció a los organizadores de esta empresa. Con los fondos reunidos por el diario y el apoyo del embajador norteamericano Morrow, se consiguió un aeroplano igual al de Lindbergh, un Ryan, construido por la misma empresa Mahoney Aircraft Corporation, con un motor Wrigth de 220 hp.

Con este equipo, llamado “México Excélsior”, Carranza despegó el 11 de junio de 1928, desde el aeródromo de la Ciudad de México, a las 8:10 am, y aterrizó en el campo Bolling de la Ciudad de Washington al día siguiente, a las 5:15 pm, después de una breve interrupción. Durante su estancia, Carranza fue objeto de homenajes y ceremonias.

Finalmente anunció su regreso en un vuelo directo a México. Este viaje se efectuó de manera abrupta y apresurada en la lluviosa noche del 12 de julio de 1928, en medio de condiciones adversas para el vuelo; debido a ello, Emilio Carranza encontró la muerte al estrellarse a escasa media hora de su despegue de la ciudad de Nueva York. Sus restos llegaron a la capital el 28 de julio de ese año.

El segundo candidato, Roberto Fierro Villalobos, destacado por su participación en combates como los del Ébano y Orendáin, preparó de igual manera una expedición a bordo de un avión de construcción nacional, auspiciado por el Gral. Abelardo L. Rodríguez.

El equipo que Fierro utilizó fue un BC-2 (Baja California 2) y en ciertos aspectos conservó alguna similitud con los Ryan de Lindbergh y Carranza. En este aparato y una vez convencidas las autoridades de la capacidad tanto técnica como humana, se autorizó el desarrollo de una embajada de buena voluntad que inició el 11 de agosto de 1928 y cubrió la ruta México-La Habana, en vuelo directo. De ahí el itinerario incluyó las ciudades de Belice-Guatemala-San Salvador-Honduras–San José–Panamá.

Finalmente regresó a México el 9 de septiembre de 1928. Éste viaje fue un rotundo éxito que se sumó a los ya realizados por el piloto, tanto en sus campañas militares como en otros raids aéreos.

En 1929 Pablo L. Sidar realizó un vuelo con gran éxito por varios países de Centro y Sudamérica, a bordo de un biplano Douglas 02-M llamado “Ejército Mexicano”. Con este antecedente, Sidar emprendió una nueva empresa, un viaje directo de México hasta Argentina, a bordo de su avión, un EMSCO, de capacidad para un vuelo tan largo. No obstante, en la tarde del 11 de mayo de 1930, se notificó la muerte de Pablo L. Sidar y de su acompañante Carlos Rovirosa, al estrellarse en playa Cieneguita, en Puerto Rico. Ante estas fatalidades, el 24 de junio de 1930, Pascual Ortiz Rubio, presidente de la República, prohibió a los pilotos militares realizar vuelos largos, ya que, según se argumento, no aportaban nada a la patria.

No obstante, Francisco Sarabia, piloto civil, a finales de la década de los treinta, al mando de un avión Granville Brothers (GEE BEE), que se modificó para aumentar su autonomía, emprendió un vuelo directo de México a Nueva York, para tratar de romper el record de velocidad que Amelia Earthart había impuesto en 1935. Sarabia despegó de Balbuena el 24 de mayo de 1939 y aterrizó en la Ciudad de los Rascacielos después de 10 horas y 48 minutos, mejorando el tiempo de la aviadora norteamericana. Al emprender su regreso, Sarabia y su Conquistador del Cielo vieron truncado su intento de retornar a la patria, al precipitarse en las aguas del río Potomac. Su muerte causó conmoción e indignación por considerarse un atentado.

En la misión por alcanzar el cielo, México ha colocado a un gran número de embajadores, algunos de los cuales hemos citado brevemente, pilares fundamentales de la aviación nacional, tanto civil como militar. Con su esfuerzo, la aviación pasó del intento de volar, a romper las barreras de la distancia y la velocidad, abriendo paso a rutas aéreas comerciales y a la exploración y delimitación del espacio aéreo nacional. La participación de estos mexicanos nos muestra otra cara de nuestro país, la cual hay que revalorar y tener presente como ejemplo de tenacidad y esfuerzo.

*Publicado en el diario Excelsior, octubre 2006.